LA CRISIS RECUPERA AL CONSUMIDOR MÁS RACIONAL Y RESPONSABLE

7/6/2009 

LA CRISIS RECUPERA AL CONSUMIDOR MÁS RACIONAL Y RESPONSABLE
¿Qué ha cambiado en los últimos 50 años en los hábitos de consumo de los catalanes? Un informe elaborado por estudiantes de Escodi (Escuela Superior de Comercio y Distribución, vinculada a la Universidad Autónoma de Barcelona) resalta los cambios fundamentales que se han producido en los hábitos de compra de alimentación en los 50 años que separan ambas sociedades.






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El informe “Cambios en los Hábitos de Consumo en 50 años” ha sido presentado hoy en un acto que ha contado con la asistencia del Conseller de d´Innovació, Universitats i Empresa, Josep Huguet; el Consejero Delegado y Director General de Caprabo, Javier Amezaga; la Directora Gerente de Escodi, Núria Beltran y el Profesor de Psicología Social del Consumo, Albert Vinyals, que ha dirigido la elaboración del informe. Los cuatro estudiantes que han integrado el equipo de trabajo son Jordi Albaladejo, Andrea Ximenis, Noemi Merino y Eric Olivera.

Josep Huguet, Conseller d´Innovació, Universitats i Empresa, ha valorado positivamente la iniciativa y ha destacado la colaboración entre Escodi y Caprabo, calificándola “de buen ejemplo de vinculación del mundo académico con el entorno empresarial”. “Iniciativas como estas permiten a los estudiantes adquirir experiencia y acercarse a la realidad del mundo laboral, lo que les ayuda a mejorar su perfil profesional durante su formación, y a las empresas a contar con profesionales mejor preparados


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Para Javier Amezaga, Consejero Delegado y Director General de Caprabo, “el estudio realizado por Escodi confirma las tendencias de consumo de Caprabo. Los consumidores hemos vuelto a una compra más racional y responsable; compramos con mayor frecuencia y nuestro ticket es más ajustado. La situación actual nos hace reflexionar a todos, incluidas la compañías de distribución, que tenemos un elevado grado de responsabilidad en adaptarnos a las necesidades del consumidor”. “Desde el punto de vista de Caprabo, apuntaría que el consumidor actual no cambiaría muchas de las cosas de ahora respecto al 1959, sobretodo la capacidad de elección, los servicios adicionales a la compra y las competitivas ofertas en precio”.

Núria Beltran, Directora Gerente de Escodi, ha destacado “la importancia de la colaboración de la empresa privada con el mundo académico y, muy especialmente, el apoyo que empresas como Caprabo están dando a la consolidación de la nueva titulación universitaria en Dirección de Comercio y Distribución, ofreciendo amplias posibilidades para que los estudiantes conecten con la realidad y poniendo las bases para que se pueda hacer investigación aplicada y para potenciar la investigación en un sector clave en Catalunya”.


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El informe realiza una radiografía de los hábitos de consumo de 1959 y 2009 en base a diez criterios: entorno sociodemográfico; modelo de familia; tipo de alimentos consumidos; lugar de compra; tipo de compra; motivaciones de compra; momentos de compra; precios y servicios, para finalizar con un análisis de la situación actual del consumo teniendo en cuenta la situación de crisis generalizada.

Las principales conclusiones del informe apuntan a que la situación general de dificultad económica recupera el consumidor más racional y responsable.

Adicionalmente, destacan:


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De la familia de 3 generaciones a la pareja sin hijos.

Pasamos de un hogar habitado por 3 generaciones, a gente viviendo sola, o parejas sin hijos. La media de hijos es de solo 1,32 y con 2 generaciones máximo por hogar.

De la ama de casa, al reparto de roles.

La mujer dependía del hombre, legalmente y económicamente. Se encargaba de todos los asuntos del hogar. El hombre nunca compraba alimentación. Con la incorporación de la mujer al mundo laboral, empiezan a repartirse los roles, aunque predomina la mujer como compradora.

Del menú repetitivo, a la variedad.

Aunque en 1959 se comía lo que consideramos la base de la dieta mediterránea, con productos frescos y de temporada, la dieta era más pobre en proteínas y calorías. Se repetían muchas veces los mismos platos. Actualmente, al comer nos preocupamos más de la salud y la variedad.

De las necesidades básicas, al consumo superfluo.

En 1959, el 55% del gasto estaba destinado a la alimentación. En proporción a los sueldos que había, muchos productos costaban más del triple que en la actualidad. Ahora gastamos más en transportes, o en ocio, que en la comida que solo representa un 14% del gasto.


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Del autoaprovisionamiento y el granel, al supermercado.

Prácticas como el autoaprovisionamiento, los vendedores ambulantes de alimentos, o ciertos tipos de comercio como las vaquerías, prácticamente han desaparecido. La aparición de los supermercados ayudó a que los consumidores pudieran acceder a una mayor variedad de productos a un precio más reducido. Prácticamente desaparece la compra a granel en los productos de alimentación habituales. Comprar se hace más fácil, rápido y limpio.

De la fresquera, al congelador lleno.

La nevera también ayuda a cambiar nuestra forma de compra, ya que al no poder conservar los productos aumentaba la frecuencia de compra.

De madrugar para llenar la cesta, a salir rápido del trabajo para llenar el carrito.

Los horarios siempre han girado alrededor de las actividades de la mujer: antes que se tenía que encargar del hogar, iba a comprar a primera hora de la mañana. Actualmente, que trabaja fuera de casa, compra a última hora de la mañana o de la tarde. Además, invertían prácticamente 10 veces más tiempo en hacer la comida.



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De la proximidad, al valor añadido.

Antes prácticamente no se ofrecía ningún servicio complementario. Se escogía por proximidad, por precio y por la relación con los vendedores. Actualmente, aunque la proximidad y el precio son fundamentales, el consumidor busca valor añadido en los comercios y los productos, tales como el club social Caprabo, o campañas como Bienvenido Bebé.

Volvemos a unos hábitos de compra más racionales y responsables.

A raíz de la coyuntura económica actual, el consumidor parece volver a los hábitos de consumo más racionales y responsables, haciendo compras más pequeñas, con menos productos superfluos y recuperando prácticas como la lista de la compra. Eso augura un buen futuro para el modelo de supermercados de proximidad.

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