Es un espacio mágico. Absolutamente fascinante; y no solo para los fetichistas de la firma, sino también para todos los amantes del lujo, en general, entendido como experiencia sensorial sorprendente y exquisita. La Galería Loewe -recién inaugurada en el 91 del Paseo de Gracia Barcelonés- es un alarde de creatividad y una casi obscena demostración del gusto refinado que la firma española de alcance internacional tiene por tradición, sin perder el foco de su origen artesanal.
Ni por un instante. No solo no olvida su tradición de artesanos, sino que la pone en evidencia desde el momento en que se entra en este templo del espíritu de la firma. Todo huele a Loewe, suena a Loewe y refleja la imagen de Loewe. Al traspasar la puerta y perder de vista el magnífico edificio modernista construido por Gaudí conocido como La Pedrera -justo enfrente- nos topamos con una vitrina dedicada precisamente a él -a Gaudí - o para ser más exactos, a las extraordinarias maquetas “polifuniculares” que el maestro diseño para la realización de algunas de sus obras. Loewe ha experimentado este sistema de diseño absolutamente “gaudiano” para realizar la maqueta del Bolso Amazona, que sorprende al entrar al hall donde el deseado modelo del bolso más icónico de la firma, aparece, también, en una magnífica instalación, absolutamente despiezado.
Pocos afortunados y afortunadas que disfrutan de un “Amazona” saben que su bolso fetiche está construido con 62 piezas, ensambladas artesanalmente con sofisticadas herramientas diseñadas para ese fin. Un holograma en el que aparecen los artesanos de Loewe nos muestra paso a paso el montaje del bolso, un momento en el que -sin duda- se pone en valor la excelencia del proceso. La escena aparece en penumbra, un homenaje a los espectáculos que se representaban a principio de s.XX basados en este sistema inventado por Dennis Gabor.
A dos pasos, el Amazona impacta mostrándose en diferentes colores, pieles, texturas y volúmenes, mediante un singular sistema de proyecciones -mapping- creado por “boolab” para Loewe; absolutamente hipnotizante. La firma y los creativos de “boolab” han querido jugar con lo onírico, con las sensaciones que provoca el concepto marquista, a lo largo y ancho de los 580 metros cuadrados de exposición distribuidos en tres plantas y dos subniveles.
Abandonamos el mundo Amazona para adentrarnos en el pasado de Loewe. Pero no en sus orígenes, en 1846 -cuando todavía era una empresa familiar excelente liderada por Enrique Loewe, donde el lujo provenía del olor a cuero curtido y modelado de una manera excepcional- sino en un pasado más reciente; de vino, rosas, glamour e imagen.
¿Recuerdan aquel escaparate de 1943 con las panteras enjauladas que desde Barcelona se grabó en la retina de los amantes del lujo?. Lo creó José Pérez de Rozas, director creativo de Loewe de 1943 a 1978, y está allí, en una sala dedicada a él, con las chinchetas que el tiempo han hecho desaparecer, restauradas y rodeado de los objetos Loewe más emblemáticos de la época. Es emocionante, pero tenemos que seguir...
Descendemos otro nivel, y todo es movimiento. Las sedas de Loewe vuelan como queriendo escapar por la claraboya que comunica con el suelo del Paseo de Gracia y los motivos emblemáticos de los foulards y pañuelos -pavos reales, libélulas, elementos de la tauromaquia...- cobran vida sobre una pantalla también de seda. La instalación es del artista Daniel Wurtzel y, aunque no nos guste, es efímera.
El espacio está destinado a albergar otras de otros creativos cada cierto tiempo, seguro, igual de sorprendentes. Subiendo de nuevo y un nivel por encima del hall nos asalta el árbol que el público ya apodado como “el cantarín”. Solo hay que tocar sus ramas, hechas de todas las pieles y texturas que Loewe utiliza, para que se ilumine, cante y se llene de mensajes ilustrativos en tres idiomas. Divertido, ingenioso y edificante.
Vídeo de la Loewe Gallery
La planta superior se dedica al relax. Entre fotografías en blanco y negro de Ava Gardner en el entorno taurino Dominguín-Ordoñez de los años ´60, libros donde se fomenta la leyenda de Loewe, objetos sesenteros prestados por clientas y el aroma específico de “la casa”, se debe retomar el aliento sentados en reconfortantes sofás; porque, si el visitante lo desea, puede hacer el recorrido inverso al abandonar el espacio, no sin antes dejar sus impresiones en el libro de vistas.
Sin duda, es la Galería Loewe -una firma que pertenece al Grupo LVMHdesde 1996- un lugar para soñar.
Gema Castellano
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