No se trata de una reinvención, de una interpretación o, ni siquera, de una exaltación; sino que, en esta ocasión, Karl Lagerfeld ha visto oportuno reivindicar el carácter icónico de la Maison Francesa y su capacidad, a pesar de tratarse de lujo de nivel casi prohibitivo, para convertirse en el objeto del deseo de millones de personas en todo el mundo. Es, sin duda, el menos humilde ejercicio de autoafirmación de Chanel, pero es que Chanel no es una firma “humilde”.