Juan Antonio Avalos ha ganado el primer premio de la “Pasarela 080” con su colección primavera-verano 2011 para hombre titulada “Tropical Knight”, pero, paradójicamente, dos horas antes de la entrega de premios, su 'stand' en el 'show room' del pabellón de la Feria donde se celebra esta iniciativa de moda alternativa, estaba vacío. No es casualidad.
¿Cuáles son los objetivos del certamen?. Esto es lo que algunos nos preguntamos a la hora de analizar los resultados, un tanto, diremos, abstractos y dispersos, de esta polémica pasarela que parece -siempre ha dado esa impresión- se creó con escaso criterio práctico y como parche para justificar la repentina desaparición de todas las iniciativas de moda que un día abanderaron al sector del diseño en Barcelona.
Y lo cierto es que, a juzgar por la casi nula actividad del “show room” -desde donde las marcas emergentes intentan proyectar sus colecciones hacia los canales de venta- los resultados de la “080” en su cota comercial son, cuanto menos, escasos; y eso no es una buena señal tras ya seis años de vida. La Pasarela, sin embargo, sí cumple sobradamente y entre comillas su objetivo; ese que -según el titular de la Conselleria de Innovación y Empresa de la Generalitat de Cataluña, Josep Huguet- se traduciría en una "espectacular afluencia de público".
No cabe duda de esto. Cuando las puertas de la Pasarela se abren, legiones -cientos- de “teenagers” con aspecto de 'fashion-victims' y lógicas ganas de destacar por su imagen diferente, se precipitan sobre las gradas para hacerse con el mejor lugar que les permita ver y -sobretodo- ser vistos; si es posible con un sitio el el 'front-row' (primera fila), porque así la foto para el Facebook queda más interesante. Una marabunta juvenil totalmente ajena, comprensiblemente, a los problemas y “sinvivires” de un sector -el de los diseñadores alternativos y emergentes con vocación de empresarios- que pretende ser tenido en cuenta y tomado en serio por los mercados.
Realmente esta Fashion Party queda populista y moderna, pero no resulta demasiado ético -habida cuenta de los tiempos que corren- realizar una inversión de un millón y medio de euros en una “iniciativa lúdica de exaltación del ego adolescente” -porque la Pasarela 080 no es otra cosa que eso- mientras barajamos datos catastróficos como los que afirman que más de 25.000 familias en Barcelona se ven obligadas a vivir con 400 euros mensuales. No es demagogia. Los datos chirrían. Y es que el colorido que da esta marea juvenil es fantástico, mientras esté respaldado por una parte seria que aúne el negocio, con la promoción y el retorno de las inversiones. Esto no ocurre.
Así que, en definitiva, nadie está absolutamente satisfecho. Y no porque la insatisfacción forme parte de la condición humana -que sí, pero no es este caso- sino porque, realmente y pese a las buenas intenciones, esta iniciativa multidisciplinar de moda no tiene, definitivamente, ni objetivos concretos ni una estrategia de actuación. Así, cada colectivo participante -tanto expositores del showroom, como diseñadores que desfilan en la pasarela o diseñadores extranjeros invitados- habla de unas perspectivas incumplidas pero lo hacen con la boca pequeña; con el temor de que si protestan podrían quitarles la única oportunidad.
Y este razonamiento es un error. Porque la exigencia es la antesala de la excelencia y son ellos mismos, los interesados -los diseñadores y las empresas participantes- los que deberían asegurarse de que tanto su dinero, como sus esfuerzos y, cómo no, el presupuesto de ayudas oficiales -que no es más que un aporte económico de todos los contribuyentes a su iniciativa- ofrecen el máximo retorno posible; un retorno cuantificable al margen de las cifras oficiales que se presentan y que rozan el ridículo.
No conseguiremos un proyecto 'fashion' creíble, honesto, serio, internacional, consolidado y perdurable si no somos exigentes y conscientes de que las ayudas oficiales son el esfuerzo de todos por conseguir que un proyecto de haga realidad. Pero la exigencia, insisto y valga la redundancia, debe partir de los propios beneficiarios de estas ayudas. Sin miedos y sin el convencimiento de que es mejor callar y 'pillar'.
Gema Castellano
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viernes, 29 de enero de 2010